sábado, 15 de diciembre de 2012


3ª Fase: El Flamenco en el teatro.

 

A la etapa de los cafés cantantes le sucede otra etapa meridianamente distinta, época a la que le llaman los felices veinte y que dura hasta la guerra civil española. Si críticas tuvo por parte de los intelectuales de la generación del 98 la manera de extenderse el flamenco con los cafés cantantes, la del teatro fue aún más criticada y no sólo por los intelectuales sino por los aficionados (los buenos aficionados y flamencos en general). Es la época del Ballet que despertó también interés en la danza flamenca, se lleva el flamenco formando grandes listas de cantaores (a los que empiezan a llamarles cantantes) nos encontramos pues, con un  frío ambiente teatral donde los cantes por soleá, siguiriya... donde los cantes puros y primitivos empiezan a estar vedados en estos lugares.

 

El gran público empieza a pedir cantes menos aquejados, escuchándose ecos de cantes venidos de otros lugares de la península y del otro lado del Atlántico, son los que llamarían cantes de ida y vuelta, cantes como la Milonga, vidalita, habaneras, colombianas, rumbas..., cantes más dulces, menos duros, menos jondo, faltos de los pellizcos flamencos que los primitivos cantes tienen, cantes que gustan a las masas de aficionados a los que le adulteran el flamenco, a los que "empachan" de fandango, adulterándose incluso tan peculiar estilo o palo de cante. Es en definitiva, época de los  cantes aflamencados y no de cantes flamencos, imperando el fandanguillo.

 

Es en esta época la llamada no sólo etapa teatral sino la época de la Ópera Flamenca, habiendo varias teorías totalmente complementarias sobre el porqué se le llamó ópera flamenca: por un lado el abundar estilos de cantes con la voz atenorada (se apodera del cante el "virtuosismo" -dicen Ricardo Molina y Andrés Salom-), voz líricamente timbrada, con grandes modulaciones y finísimo oído. Y por otro lado opinan que el sobrenombre de ópera flamenca obedeció a un simple ardid de carácter administrativo, ya que la ópera (oficialmente protegida) pagaba entonces muy reducidos impuestos y alguien pensó ese híbrido bautismo para acogerse a las ventajas fiscales.

 

Lo que evidentemente el transcurso de los años ha dejado claro es que si el "tablao" del café cantante pudo servir (aún con algunas discusiones) de presunto vehículo de extender o de contaminación del flamenco, al ser éste sacado de su clima natural a esas abigarradas escenas a esos espectáculos de varietés, supuso su más corrosiva experiencia.

 

Chacón, que había sido un verdadero impulsor de los cantes derivados del fandango y que en los cafés cantantes había llevado al verdadero esplendor cantes como la Malagueña, Granaínas..., a la par que otros lo hacían con soleá y  siguiriya, es  uno de los más importantes impulsores de este flamenco en el teatro. Es, en suma, el símbolo de la época teatral, argumentos que aunque se le ha reconocido que a los cantaores les dio realce social, se le ha criticado por los viejos y puros aficionados y flamencólogos por la decadencia a la que llega el verdadero cante flamenco.