viernes, 5 de abril de 2013



           ENTREGA Nº 21       6  DE ABRILDE 2013

                            Geografía flamenca  flamenco en Almería

            Etimológicamente la palabra "taranta" proviene de "tarantela" (música) o de "taranto,” gentilicio popular con que, a veces, se designan a los naturales de Almería.

            En su vocabulario andaluz,  Alcalá de  Wenceslada  nos indica que el término taranta hace referencia a una canción peculiar de Almería por lo que hablar de flamenco en Almería es hablar de taranta o de taranto.



            Según Faustino Núñez: El antecedente musical de la taranta puede situarse en el aflamencamiento de algún fandango de Almería. Los estudiosos coinciden en señalar tres etapas fundamentales en su proceso de formación (1880-1920): 
  1. Emigración de Jaén, Granada y Almería, en torno al 1890, a las minas murcianas.
  2. Fusión del fandango de Almería con murcianas, malagueñas, fandangos de Lucena y el llamado "cante de madrugá".
  3. La aportación definitiva de Antonio Grau Mora, "Rojo el Alpargatero", cantaor alicantino que, a finales del siglo XIX, dotó de estética flamenca a las estructuras musicales del fandango almeriense-murciano, de origen popular. La taranta tuvo su auge durante el primer tercio del siglo XX. Las aportaciones almerienses a la taranta se producen a través de cantaores como el Cabogatero, el Ciego de la Playa, Pedro el Morato y Concha la Peñaranda, residente en La Unión, que cantaba en Sevilla hacia 1884


                                   Fandango de Almería
                                               El fandango de Almería
                                                nadie lo sabe cantar,
                                               que lo cantan los mineros,
                                               cuando van a trabajar
                                                a las minas del Romero.


            Julián Pemartín coincide con el criterio, ya expuesto, de que "la taranta sería una derivación del fandango de Almería, el cual se traslada a las regiones mineras”,   posteriormente, hace esta distinción: "en el proceso de su desarrollo va diferenciándose en la taranta minera,  propiamente dicha, más impregnada del ambiente fatigoso de las galerías y socavones,  por lo tanto es un cante sobrio, de tercios cortos y angustiosos y  la taranta de superficie, de tercios más largos, menos acongojados, más libres, y con algunos adornos". Finalmente pone ejemplo de letras de cada una de dichas tarantas: 





                                               Taranta Minera

                                               Vengo de la carbonera
                                               ¡Mira lo que te he comprao:
                                               Unas botas de cartera
                                               con los botones a un lao!
                                               Te las pones cuando quieras.

                                               Taranta de Superficie
                                  
                                               Dile a mi primito hermano
                                               por Dios que me dé la espuela,
                                               apareja el caballo tordo
                                               que me han robao a Malena
                                               ¡Por Dios que me vuelvo loco!

            Su copla es siempre una estrofa de cinco versos, como la malagueña, repitiendo también uno de ellos (el primero o el segundo). Las letras de las tarantas son descriptivas  se inspiran en aspectos diversos de la existencia humana, al igual que la generalidad de los cantes flamencos básicos. Su interpretación es un tanto libre en la medida de sus tercios, pudiendo recrearse el cantaor en alguno de ellos, según sus cualidades e iniciativa personal.

            Generalmente es un cante para escuchar. Cante duro, largo, sobrio, que se acompaña a la guitarra por arriba. Cante sin marcaje estricto al ritmo, que se presta a grandes exhibiciones vocales, al igual que ocurre con los demás estilos mineros. 

            No hay que olvidar que es un cante esencialmente levantino que no presenta, en cuanto a sus formas, la menor analogía con los cantes flamencos propios. Sus variantes no son creaciones personales, sino modalidades (poco diferenciadas) de tipo local o comarcal. La "especie" más definida y diferente es el "taranto", cuyo acompañamiento de guitarra sigue un compás de ritmo bien acentuado y característico. Las tarantas, en cambio, son libres y sin medida. Este cante es, sin duda, el que funciona como patrón musical de los cantes de las minas. 



            El propio Antonio Mairena nos dice que al principio se debió cantar por libre, luego se acopló a la guitarra ganando matices, una serie de melismas, ritmo. Es un cante, continua Mairena, desnudo por sus motivaciones sociales, por lo que no se le puede calificar como folklórico.

            Aparte de los cantaores ya citados, que estuvieron en un principio presentes en la creación y revalorización de la taranta, hay que citar a cantaores posteriores que se encargaron de divulgar este estilo; y así podemos citar a Manolo Escacena, Manuel Vallejo, El Cojo de Málaga, La Niña de los Peines, El Pena, Bernardo el de los Lobitos, Jacinto Almadén... entre otros intérpretes, que en la primera mitad del siglo XX mantuvieron a la taranta como estilo vivo. En años más recientes la taranta mantuvo su vigencia, aunque fueron pocos los cantaores profesionales que la incluyeron asiduamente en su repertorio; entre ellos podemos citar a Fosforito, Carmen Linares, Enrique Morente...