viernes, 3 de mayo de 2013


  ENTREGA Nº 25       4  DE MAYO DE 2013

Geografía flamenca  flamenco en Córdoba

         Entre las provincias andaluzas Córdoba siempre se ha distinguido por su flamenquismo y por tener una afición serena y entendida. Incluso se ha dicho por un ilustre flamencólogo cordobés que la afición de Córdoba viene influida por cierta inclinación muy al estilo  del carácter sentencioso que a estos andaluces caracteriza.



            Cuando se habla de los cantes de Córdoba se los presenta como formas derivadas o diferenciadas de cantes matrices, y así se citan las soleares cordobesas, alegrías cordobesas… Esta idea ha sido rebatida por algunos expertos, reconociendo a estos cantes cordobeses su carácter propio y su clara diferenciación de lo que se ha llamado cantes matrices.
            Ángel Álvarez Caballero considera que no hay una soleá autóctona cordobesa, sino que el cantaor cordobés Onofre adaptó la versión de la soleá de "un mediocre cantaor trianero llamado Ramón el Ollero que Córdoba modeló y adaptó a su peculiar manera de sentir y expresar el cante".
            Por contra, Francisco González ("Rito y geografía del Cante"),  nos dice que la soleá "tan distinta según la localidad geográfica, es secularmente cordobesa".

            Lo importante, creemos, no es cuando la soleá se hizo cordobesa, sino que, de acuerdo con el carácter cordobés, se la reconoce unánimemente como sentenciosa, filosófica, con cadencias y silencios en su estructura musical que la hacen atrayente y evocadora. Y ahí queda este ejemplo:
                                               No preguntes por saber
                                               que el tiempo te lo dirá.
                                               Que no hay cosa más bonita,
                                               que saber sin preguntar


            Las alegrías cordobesas son objeto de una discusión, en cuanto a su origen, similar al de las soleares, pues hay opiniones que afirman que no son propiamente cordobesas, sino que derivan de las cantiñas gaditanas y que, asimismo, fueron aclimatadas a Córdoba por Onofre.

            Ricardo Molina opinaba, parece ser  que con poca convicción, que son creación personal del citado Onofre y remata su juicio expresando en su momento, que las alegrías de Córdoba es un cantee de apenas sesenta años de historia.

            El primer gran cantaor que se conoce en Córdoba, fundador de una estirpe de artistas, fue Manuel Moreno Madrid, conocido también con el sobrenombre de "Juanero el Feo", que enraizó cantes a la forma expresiva cordobesa tales como las soleares y las alegrías, estilos a los que dio carácter cordobés. Hijo de "Juanero el Feo" fue Ricardo Moreno Mondéjar, que al igual que su padre, fue picador, vivió el mundo taurino como actividad y en el que se le conocía con el sobrenombre de "Mediaoreja". Fue éste un gran cantaor, cuyo mérito principal, dentro de su gran valía, fue asentar definitivamente los estilos iniciados por su padre.

            Ricardo Moreno Mondéjar recogió el estilo solearero de Triana en la versión de Ramón El Ollero y lo adaptó creando una modalidad cordobesa, como también ocurrió con las alegrías de Cádiz, que Mondéjar matizó para crear unas con nombre propio. Tuvo tres hijos que fueron Ricardo, Manuel y José Moreno Rodríguez. Hijos de éste último son Rafael y Emilia Moreno Maestre. Todos Onofre, todos cantaores y ninguno de ellos fue profesional del cante.



            Donde parece que hay acuerdo es en afirmar la existencia como cantes propios de Córdoba  a su amplia variedad de fandangos, todos de cortes abandolaos.  En Cabra se da un estilo cuyo mayor artífice es Cayetano Muriel, “Niño de Cabra” mientras que en Lucena se puede contemplar un abanico de cantes que se diferencian entre si y, son  los fandangos de Dolores de la Huerta, los de Rafael Rivas y los de la calle Rute. Rafael Rivas, fue cantaor habitual en las fiestas del torero Lagartijo, solía recoger en las letras de sus fandangos expresiones picantes, burlescas y hasta desvergonzadas. Por el contrario, las coplas de Dolores de la Huerta tenían un contenido amoroso y sentimental, muy distinto del estilo de Rivas.

            Todos ellos han sido magníficamente interpretados en los últimos tiempos por Antonio Ranchal y Pedro Lavado.

            Finalmente, del  mismo tronco  que del fandango de Lucena  en Puente Genil se crea el zángano, cante ligero y bailable que divulgó en los sesenta Fosforito y que legó José Bedmar “El Seco”.

            Asimismo, en la provincia cordobesa hay también un amplio glosario de cantes campesinos, como la trilla, la temporera y la pajarona. Además, a esta provincia se atribuye la creación de la serrana, así como un sello personalísimo en las saetas y en el cante de rosas.

            Hoy día con Fosforito, actual llave del cante, ya retirado, los representantes más importantes de esta zona son El Pele, Luis de Córdoba, Antonio de Patrocinio, El Calli, Inmaculada Aguilar, Concha Calero, Mario Maya o Joaquín Cortés.
           
            Otros nombre a destacar en el flamenco cordobés además de los mencionados son Antonio Márquez “Navajitas”, José Castellano “El Séneca” o Rafael Mesa “El Guerra.”