viernes, 21 de marzo de 2014

Las mujeres y el cante (2)


ENTREGA Nº 71    22 MARZO DE 2014 

MUJERES QUE DEJARON Y DEJAN HUELLAS EN EL CANTE

                                               -2-


ANIYA LA DE RONDA

Pero no fueron estas admirables mujeres comentadas en días anteriores, las únicas capaces de defender su arte ante el difícil machismo reinante, sino que hicieron que aparecieran muchísimas otras también muy importantes.

Así desde estas líneas quisiera recordar además de a esas “valientes” mujeres del pasado que crearon huellas por su arte, por sus arrestos, por saber ser mujeres de verdad en los peores tiempos posibles, a otras jóvenes artistas actuales que van dejando huellas y a las que tampoco les falta el arte ni las otras grandes virtudes de nuestras antepasadas.

Son grandes artistas pues las  que desde estas modestas líneas quiero recordar para que apreciemos su arte a pesar de las dificultades que encontraron en su día y que aún podemos decir encuentran. Y así iniciamos con  casos como el  de Ana Amaya “Anilla la Gitana, rondeña nacida el 27 de septiembre de 1855

                                
Anilla la Gitana también conocida como Aniya la de Ronda,  al igual que la conocidísima Serneta también se acompañaba en sus cantes con la guitarra que ella misma tocara. Prácticamente toda su trayectoria la realiza en su Málaga natal y pueblos cercanos,  actuando en reuniones o en Cafés cantantes como el de Chinitas, allá por 1890 aunque anteriormente destacar en otros como La Primera de Ronda, El Pollo, Fornos, Siete Revueltas, coincidiendo en algunos de ellos con figuras como la también malagueña (de Ronda) Paca Aguilera o el maestro jerezano Don Antonio Chacón.

Se cuenta de “la reina de los gitanos” como también llamaban a Anilla, que entre los eventos del Concurso de Cante Jondo de Granada (1922) Federico García Lorca, la citara como  una de las cantaoras-figuras destacada en su conferencia “Importancia Histórica y artística del primitivo cante andaluz llamado “Cante Jondo”

                            Es una escalera de vidrio
                            por una suben las penas,
                            por otras bajan martirios
                                     
Pastora Imperio, quién le regaló una  bata de cola también supo del gran valor artístico de La Gitana, destacando también el  mantón de Manila, regalo que la mismísima reina Victoria Eugenia, tras una fiesta íntima en la que cantara  Anilla la Gitana para la familia real. Aunque como se ha comentado casi todo su andar flamenco fue por Málaga y sus alrededores también conocieron el arte de Anilla en Barcelona concretamente en la Exposición Universal de 1930 actuando en el Pabellón del Pueblo Español cantando y bailando, en este caso acompañada del tocaor más importante del momento y tal vez uno de los mayores genios que la guitarra flamenca ha dado: Ramón  Montoya, tenía por entonces setenta y cinco años aunque en algunos reportajes de entonces apareciera con la edad de ochenta y cinco.

José Carlos de Luna en su obra “el Cristo de los Gitanos” le dedicó un poema en el que nos glosa parte de la personalidad de Ana Amaya Molina, así como lo genial  de sus tercios cortos por soleá.

                            Su flácido pescuezo, de carne
                            de gallina,
                            que con polvos baratos blanquea
                            y enharina,
                            aún luce con descoco un collar
                            de colores,
                            que fue premio a su cante corto
                            por soleares,
                            y que un día Curro Dulce,
                            destocado el pavero,
                            tras besar sus manos,
                            la puso en El Burrero.

Cantaba, se acompañaba ella misma con la guitarra y en muchas ocasiones también destacaba por su baile, su compás fue considerado todo un verdadero arte, así como la genialidad en su cante por soleares como nos describe Núñez de Pardo en su libro “Cantaores Andaluces” en cuyo capítulo Esclava del amor, nos confirma diciéndonos como ella siente el cante, como concibe la belleza, como siente, Anilla, las grandiosidades de ese arte:

"Ella siente el Arte como el corazón que más lo sienta, concibe la belleza como el cerebro constituido para concebirla mejor, siente las grandiosidades de ese arte, como el alma que con más intensidad pueda sentirlas, pero su corazón, su cerebro y su alma, absolutamente humanos, en toda la hermosa acepción de esta palabra, sólo ven en su arte un vehículo para enviar desde sus entrañas al infinito toda la expresión de su exquisita ternura, de sus ansias de goces, de sus sueños de amor, de su ambición de cariño, ambición que guarda la primera y tal vez la sola finalidad de subida, ambición que mueve todos sus actos que impulsa los resortes de su organismo. Eso es lo que la ha hecho más simpática aún más que sus mismas cualidades para el cante, y a eso se debe, en primer término, los triunfos artísticos que ha logrado y los aplausos que ha obtenido.”
                                   
La trayectoria flamenca de esta gitana ha sido como se ha comentado, muy reconocida en su tiempo por escritores, poetas y periodistas, sin embargo no tenemos hasta la fecha datos fehacientes mediantes grabaciones de sus cantes aunque desde su localidad natal nos llega los trabajos incansables de los flamencos rondeños en conservar viva la historia de Aniya la de Ronda y de ahí el recuerdo que años tras años nos llega a través del concurso de cante que se celebra en Ronda y que se dedica a la memoria de Ana Amaya y que en el 2013 alcanzó su XIX edición y de la cual nos llega un ejemplo mediante el video que transcribimos de uno de los concursantes de la edición  XX en su tercera ronda celebrada recientemente.