viernes, 16 de agosto de 2013

ENTREGA Nº 40       17 DE AGOSTO DE 2013 

                        Cantaores de Puerto Real

              CANALEJAS DE PUERTO REAL

Juan Pérez Sánchez, nació en el año 1.905 en el  conocido y puertorrealeño  callejón del Obispo, descendiente en su tercera generación de la familia gitana de Jerez de "los Paquirri" de ahí tal vez la facilidad que siempre tuvo para acompasar cualquier canción y hacerla festera, pues sin duda el cante por bulería con su personalísimo sello fue su principal virtud dentro de su amplísimo repertorio.

 El apodo de Canalejas se debe a una característica de la época de comparar a la gente con personalidades de entonces aunque sin que faltara la picaresca  y las contradicciones propias de los tiempos y de este rincón salpicado de gracia y salero. Por lo tanto a él como a su hermano le pusieron  Canalejas y Moret respectivamente remedando su propia familia (tal vez el mismo padre) a sus hijos varones  con éstos célebres políticos con los que quizás tuvieran algún parecido o características en razón a sus formas de ser o de carácter "serio" el uno, "simpaticón" el otro comparable con los líderes de la segunda republica española. Lo cierto es que estos hermanos siempre estuvieron juntos en su infancia, tanto para buscarse "dos pesetas" con el marisqueo por estas ricas zonas de los puertos, como para ir a buscar alguna que otra fiesta por los entornos de su localidad natal (de los siete hermanos que eran, con Moret era sin duda con el que más hacía).

   Cierta noche fueron Canalejas y Moret al Teatro Real de San Fernando a escuchar a Manuel Torre, no quedando (al menos los buenos aficionados) contento con la actuación del genial maestro de los duendes negros y a la mañana siguiente, tal vez de madrugada, en la reunión que solían tener los cabales después de cualquier actuación se coló como de rondón el jovencísimo puertorrealeño y en medio de los aficionados allí presente se arrancó por siguiriya, haciéndole el cambio de Manuel Torre y dejando con apenas 13 años boquiabiertos a los grandes aficionados que en torno al maestro jerezano se dieron cita.

                                    "Eran tan grandes mis penas
                                      que no caben más
                                      porque me veo malito de muerte
                                      en el hospital."

                                   "Si algún día yo a tí te llamara
                                     y tu no viniera
                                     la muerte amarga, compañera mía
                                     yo la apeteciera."



 Esto iba a suponer algo muy importante para el futuro de este joven mocetón. Pues ya no se trataba de cantar, cosa que hacía con regularidad, por las bodas o bautizos de Puerto Real o algún cortijo de la zona, sino que se trataba de cantar en una reunión de cabales después de oír al gitano más puro que según muchos dio el cante; y cantando precisamente su particular  siguiriya, animándoles a seguir por esa línea de pureza los allí presente y regalándole (quizá su primer jornal) la nada despreciable cantidad por entonces de cincuenta pesetas. ¡Mucho tenían que mariscar Canalejas y Moret para conseguir diez duritos (como ellos mismos decían), y esa noche lo hizo Juan con un cante y a gusto con lo que hacía! 

         Pronto dejó Juan,  al menos de forma continua el marisqueo para intentar la "aventura" y trabajar en los astilleros conocido en Puerto Real como el dique, comprándose el mismo las herramientas necesaria para la carpintería y presentándose a examen que aprobaría más por su voluntad que por sus  destrezas  el oficio de carpintero, colocándose en el comentado dique como peón.

Mientras tanto seguía su vida flamenca entre reuniones, bodas, bautizos con alguna que otra actuación en los modestos cafés cantantes que habían en Puerto Real, San Fernando o en Jerez, cobrando las menos de las veces tres o cuatro duritos que le ayudaban a esos gastitos que ya nuestro cantaor empezaba a tener, pues ya se producían sus pequeños escarceos con los amigos dentro del ambiente flamenco cosa que al puertorrealeño le encantaba.


                                              "Al toquee de una campana
                                                iba un condenao hacia la muerte
                                                al doble de una campana,
                                                lleva un crucifijo al cuello
                                                y mirando al cielo exclama:
                                               ¡Dios mío!, ¿Qué habré yo hecho?"

             Además de los cantes del Torre le gustaba a Canalejas realizar los del otro gran maestro de Jerez, el Niño Gloria sobre todo sus fandangos y saetas, sin que faltaran los tangos, soleares o bulerías de la Niña de los peines.
Era este su amplio repertorio con la incorporación de algún tímido fandanguillo que modestamente  empezaba el mismo a crear sobre todo en principio en lo que a letra se refiere, para más tarde imprimirle su sello personal a este cante que le diera fama.

En uno de estos cafés cantante de la localidad de Puerto Real, estuvo cierto día un aficionado flamenco que trabajaba como inspector de hacienda de la compañía trasatlántica y se asombró de las buenas maneras que este peón carpintero tenía con los rebuscados tercios de los cantes a compás diciéndole según  cuentan los mismos miembros de su familia:

                                  ¡Niño, tu trabajas aquí con lo que vales!

El conocer a este inspector de la compañía naviera y la amistad con Rafael Cabeza cocinero del Magallanes, padre a su vez de un buen aficionado de la localidad, hace que se traslade a Barcelona como polizón en el mencionado barco, empezando para Juan su aventura flamenca en Barcelona.

                                               "Porque volar no podía,
                                                 un pajarillo temblando,
                                                 porque volar no podía
                                                a mi me decía piando:
                                               ¡Llévame a la mare mía,
                                                que ya me estará buscando!
                                                                                 
          
         Ya en Barcelona y de la mano del mencionado Rafael Cabeza, frecuentó los lugares donde el flamenco tenía lugar, empezando pronto a darse a conocer, unos dicen que con el nombre de Niño de Jerez, otros con el de Canalejas de Jerez como para abrirse más camino en este difícil mundillo, pero lo único cierto es que utilizó el nombre por el que siempre fue conocido y que llevara con orgullo por toda España: Canalejas de Puerto Real.

 A partir del año 1.932 comenzó a tener gran popularidad y aunque Barcelona le sirviera en principio y de manera circunstancial de base, va actuando de forma alterna por Valencia y por Madrid, donde debuta con el Pena hijo y con el célebre Angelillo en el Salón Olimpia, hasta que en el año 1.934 junto a José Cepero, se presenta en el conocido y desaparecido Circo Price de Madrid.

                                              "Rocío ¡ay! mi Rocío
                                                capullito florecío,
                                                de pensá en tu quereres
                                                voy a perder el sentío,
                                                porque te quiero, mi vida,
                                                como naide t`ha querío
                                                Rocío, ¡ay!, mi Rocío."




          Esta creación de Canalejas, cantada con su estilo peculiar por fiesta, supuso la novedad del año 34 y pedida constantemente por el numeroso público que acudía a verlo en su primera gira por toda la geografía española en unión de Pastora Pavón la Niña de los Peines y de José Tejada (Pepe Marchena), realizando a partir de entonces abundantes giras junto a Pastora, Pepe Marchena, el Sevillano y todos los grandes artistas de entonces a la par que grababa por vez primeras estos cantes con este su peculiar estilo, con "Rocío" como su principal aportación a la discografía flamenca por entonces.


          Durante los años 1.935 y 1.936, va actuando por los distintos teatros de España hasta que al empezar la guerra civil que le coge entre actuaciones por Sevilla y Jaén, decide quedarse a vivir mientras dure la contienda en la capital jienense.

                                                           "Entraba por la ventana
                                                             en la prisión que sufría,
                                                             entraba por la ventana
                                                             una paloma y traía
                                                             desde tierras muy lejanas
                                                             besos de la mare mía."
                                                  
Pasada la guerra civil española y después de haber estado preso en la cárcel de Chupones en Puerto Real, probablemente por problemas de sus ideas políticas (parece ser era republicano), o por la zona donde la cayó el movimiento nacional, se estableció definitivamente en Jaén donde ya conocía a la mujer que iba a ser su esposa y la madres de sus tres hijos.

         En el año 1.939 retorna de nuevo a los escenarios, comenzando con un espectáculo en la plaza de toros de Cádiz, al lado de la Niña de los Peines y el Sevillano, realizando a partir de entonces varias giras por casi todas las provincias de España,  en compañía de los mejores artistas de entonces de esta época conocida en el flamenco como la época de le ópera flamenca.
         Destacó, el cantaor puertorrealeños en  actuaciones junto a Pepe Marchena, sin faltar dos circunstancias importante a lo largo de su vida como eran su cita obligada todo los años a la semana santa jienense para cantarle (según promesa suya) la saeta a Nuestro Padre Jesús, y sus constantes visitas a su pueblo natal para ver a sus familiares (todos de la villa puertorrealeña) o reunirse en reuniones flamencas con la gran cantidad de buenos amigos y no menos aficionados que Canalejas siempre tuvo en este rincón suyo por el que él siempre tuvo un gran apego.
         A pesar del comentario que en cierta ocasión hizo él al periodista Tico Medina cuando le pregunta sobre su vida en Jaén y no en "su Puerto Real", respondiendo Canalejas que en Jaén se hacía los huevos con aceite de oliva y en Puerto Real con brillantina, lo que ocasionó verdaderos disgustos entre los puertorrealeños al no interpretarse la frase con el sentido que la quiso decir,  cosa que más tarde el propio Canalejas aclararía.

Antes de dedicarse, según nos cuentan flamencólogos como Manuel Ríos Ruiz, González Climent o Juan Antonio Ibáñez, a los concursos (sobre todo de los cantes de Levante), realiza su debut en el famoso tablao de las Brujas de Madrid en 1.960, pasando luego al llamado Torres Bermejas.

  De entre los muchos premios que cosechara en la última etapa, antes de morir en l.966, destaca el primer premio de cantes de Levante en el Concurso Nacional de Córdoba en l.964 y el segundo para profesionales de Cartageneras, celebrado en la localidad de Cartagena y que ganara de manera brillante otro gran artista de la época Bernardo el de Los Lobitos en l.965, sin olvidarnos del año l.963  cuando triunfara de manera espléndida en el Concurso Nacional de Cantes mineros que ce celebra anualmente en la Unión, obteniendo la famosa y codiciada Lámpara Minera.

         Aunque ha sido Canalejas, un cantaor poco estudiado, de él concretamente Ríos Ruiz comentó en cierta ocasión que " entre la maraña de sus cuplés por bulerías, existía en él un sedimento flamenco digno de atención", comparándole con Manuel Vallejo y con Pepe Pinto como cantaores que necesitaban revisarse por parte de los estudiosos.

Por otra parte Juan Antonio Ibáñez, diría del cantaor puertorrealeño que guardó siempre el equilibrio de un vivido sentido profesional junto al amplio conocimiento de un arte que dominaba, mientras que el famoso y no menos importante flamencólogo Anselmo González Climent, destacó sobre sus cantes festero la personalidad y lo acompasado de sus bulerías llenas de popularidad e imitación, dándole importancia también (además de por su personal estilo festero), a las saetas por Canalejas interpretadas, considerándolo  como brillante saetero que compitió con personas de la talla de Pastora Pavón (La Niña de Los Peines), del Gloria o de Vallejo, sin olvidarse de la dulzura que imprimía a los cantes de Levante o del fandango, siendo un intérprete según el mismo González Climent comentara con un repertorio amplio sin duda en palos poco cantado en esa difícil época flamenca, con cantes como: La Rosa, El Polo, La Serrana, o la misma Policaña de la que el propio Canalejas diría a su hijo Fernando como se doblan los tercios del polo para llegar a través de este macho y los ayes característicos a doblar el polo por la caña como estrambote o lo desconocido de su cante por soleá, como le diría a su familia el Maestro Don Antonio Mairena: "tu padre por bulería es un genio, aunque conoce todo o casi todos los palos".

 Pero no acaba lo relacionado con el flamenco al desaparecer Canalejas de Puerto Real en Diciembre de l.966 en lo que a su familia se refiere, pues ahí están sus hijos Fernando y Manuel con sus actuaciones por su Jaén natal y provincia, aunque no sean profesionales, dejando ese sabor o "ese gustito" al oírsele como si de una escuela flamenca se tratara; Ahí está también su sobrina la puertorrealeña Constanza ganadora de varios concursos de saetas y fiel intérprete de los cantes de su tío Juan, hija ésta de su hermana Ana y de su cuñado y gran aficionado y compañero de no pocas juerga de Juan el conocido popularmente en Puerto Real como "el Peluca", al que le dedicara varios fandangos nuestro cantaor con motivo de un accidente importante que tuviera, sin olvidarnos de su otra sobrina la gaditana al que él desde pequeña, presentara en el mundo de espectáculo y que   después  de estar algún tiempo algo retirada ha vuelto al canta hace unos años con unos bríos y un compás digno de elogio y ahí está como una de las mujeres más importante de lo flamenco y sobre todo de los cantes de Cádiz: Mariana Cornejo.