viernes, 17 de enero de 2014


 

 

 ENTREGA Nº 62       18  DE ENERO DE 2013 

        

… Y Sevilla (8) Cantaores Ilustres

 

Pastora Pavón y su saga flamenca

 

         Desde la localidad sevillana de El Arahal  nos llega a la capital andaluza una de nuestra más flamenca dinastía: La saga  de los Pavón.

         Se inicia dicha estirpe  con el mayor de los hermanos, Arturo Pavón Cruz,  cantaor reconocido como artista de cabales, padre del pianista Arturo Pavón Sánchez quién  a su vez  bebe no sólo de la tradición propia de la familia, sino también de la de otro ilustre en la historia del flamenco como es  Manolo Caracol, pues tras casarse con su hija Luisa Ortega y siendo primera figura del piano flamenco, crea una pareja con su suegro que dio la vuelta al mundo con la célebre Zambra de Manolo  Caracol.

          Arturo  no sólo es el mayor de la familia Pavón sino que se le considera por los estudiosos del flamenco como principal maestro de sus hermanos Tomás  y Pastora “La Niña de los Peines” a  los que le enseña desde el principio  como uno de los grandes conocedores de los primitivos cantes. Su trayectoria artística se desarrolla en las reuniones de cabales, destacando sobremanera en  cantes como tonás, deblas o martinetes.

            La influencia de éstos es visible en sus descendientes en cantaores relacionados con la saga, como El Chocolate.
 
          Tomás a diferencia de sus hermanos mayores, nació en Sevilla  1893, Cantaor conocido sobre todo en los ambientes de fiestas más que en los teatros pero acreditado como uno de los mejores en la historia flamenca, eso y la fama de persona reservada nos llega a través de su sobrino Arturo.
 
                                         El pasito que yo doy
                                                ese no lo daba nadie,
                                                yo lo daba por mis niños
                                               que están pendiente del aire
 
 
 
         De Tomás  escribieron intelectuales como Fernando  el de Triana quién los destacaba en los cantes del Mellizo, de la Serneta o la  soleá de Alcalá.
 
                                       A mi mare de mi alma
                                             lo que la camelo yo,
                                             porque la tengo presente
                                             metida en el corazón
 
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          El  escritor cordobés Ricardo Molina profundizó sobre la su personalidad, dejándonos escrito de él "Tomás vivió ignorado, con su fabuloso tesoro de siguiriyas, soleares, martinetes y sólo reducidas minorías le reconocieron en vida su grandeza y superioridad".  No en vano rescató los primitivos cantes de fragua o los cantes añejos, como las siguiriyas duras y jondas de Manuel Cagancho, que tal vez si no hubiese sido por Tomás su hubieron olvidado.
 
           A pesar de su corta trayectoria por sus problemas de salud ya que su enfermiza constitución, su mal suerte  hizo que nos dejara en 1952 cuando  había cumplido los 59 años pero de él heredamos una huella ya que fue la clave de la flamenca Triana y en su corto número de grabaciones, nos muestra todo lo relacionado con los cantes más profundo de los Pelaos, de los Caganchos…
            
             Tuvo la idea de defender la pureza del flamenco ante la llegada de cantes de otras procedencias o de estilos que podrían desvirtuar la pureza de lo jondo con el abuso que  él veía venir a través de la llamada ópera flamenca y para ello en los bajos de la campana, casa de su hermana Pastora y su cuñado Pepe Pinto realizó una especie de escuela para defender los estilos más jondo que se temía perder.
 
            El mismísimo maestro de Mairena llegó a decir que Tomás fue el mejor cantaor del siglo XX.