viernes, 3 de enero de 2014


 ENTREGA Nº 60       4  ENERO DE 2014 

 
… Y Sevilla (6) Cantaores Ilustres

Silverio Franconetti

 
Silverio Franconetti Aguilar, nació en Sevilla en 1.831 y le bautizaron en la Parroquia de San Isidoro. Era hijo de un militar italiano de Roma y su madre sevillana de la localidad de Alcalá de Guadaira de una familia muy conocida en dicha ciudad.

Siendo pequeño su familia se traslada a Morón de la Frontera, donde realiza sus primeros estudios y aprende de su hermano mayor el oficio de sastre en una tienda que la familia poseía,  de donde con frecuencia y con apenas diez años solía escaparse para acudir a una fragua cercana a su casa y allí contemplaba los cantos fragüeros de los gitanos con la desesperación de su familia que constantemente maldecían la fragua.

                                  "Cuando vino el Santolio

                                          los ojos abrió

                                          y a mí me dijo, compañerita de mi alma,

                                          queate con Dios”.

                           
Las excelente condiciones que Silverio tenía para el cante y su vocación decidida no impidió los constantes esfuerzo de sus padres en apartarlo de todo a lo que a flamenco se refería, siendo aún mayor la vocación cuando empezara a ir por Morón el gran maestro puertorrealeño  Francisco Ortega el Fillo, quien conoció al pequeño Silverio y viendo sus gustos y facultades empezó a enseñarles esos cantes primitivo que el viejo maestro interpretaba en contra de los deseos de su madre, ya viuda,  que sólo quería ver a su muchacho ayudándole con el trabajo de la sastrería. Pero como dice Demófilo el trabajo de la madre fue en vano ya que "el pájaro voló" y después de pasar una temporada en Sevilla dedicado ya por entero al cante flamenco, pasó a Madrid donde pronto fue conocido por las portentosas facultades con su cantaora y grave voz hasta el punto que el gran poeta granadino Federico García Lorca lo definió así:

                                  "Su grito fue terrible

                                          los viejos

                                         dicen que se erizaban

                                         los cabellos

                                         y se abría el azoque

                                        de los espejos..."


                      

Hombre aventurero donde los haya,  Silverio marcha por el año 1855 a Buenos Aires, invitado por su profesión de sastre, quizá con la idea de hacer un capital suficiente para poder dedicarse por entero a su verdadera afición, cosa que su familia por el sólo hecho de que abandonara la profesión de cantaor y las compañías que tenía, vio con agrado; de cualquier forma Silverio accediendo a las invitaciones se dirigió a las tierras americanas donde permaneció durante ocho años, pero no trabajando en el oficio de sastre para lo que se le invitó sino de picaor de toros o de oficial en el ejército de la República de Uruguay en los tiempos de guerra.               

En el año 1.864 vuelve a España y decide dedicarse a lo que de verdad le gustaba,  quería y sentía,  realizando por las principales capitales de España conciertos y dándole a esos tristes y profundos sones que escuchara en la fragua gitana de Morón de la Frontera, la categoría de espectáculo y creando para ello los llamados Café Cantante,  tan criticados por unos pero tan elogiados por otros afirmándose que si no llegara a ser por estos cafés cantantes,  el flamenco no hubiera llegado hasta nosotros.

Sin discusión alguna el enciclopedista Silverio fue considerado como el mejor cantaor de todos los tiempos. En Cádiz se decía de él  que era el Rey de los Cantaores,  dominando desde la siguiriya, tonás,  polos hasta las soleares o serranas. En sí dominador de todo el cante grande que consiguió significar y dignificar.
                                          
Del amplio repertorio que Silverio Franconetti interpretara hasta poco antes de morir en el año 1.889,  el padre de los Machado, Demófilo, recoge algunas letras que este corpulento maestro en lo físico y en lo artístico realizara por cañas, polos, siguiriyas, serranas...de entre las que podemos destacar:

                                  "Cualesquiera que me oyera

                                         concoserá mi pasión;

                                         lo que la boca no jabla      

                                         lo publica el corasón.
                  (Polo de Silverio aunque también se canta por caña, tonás, livianas, javeras, malagueñas…)

                                           "Abrase la tierra

                                                  que me quiero morir,

                                                  que pa vivir como estoy viviendo

                                                 prefiero morir."

                                              (Cabal de Silverio grabada por Pepe el de la Matrona)